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𝝡𝘆 𝘸𝖺𝘆 𝗂𝗇 𝑸𝗎𝗲𝙧𝗲́t𝖺𝙧𝗼 pt.1
Por eso, fue que, al cumplir los ocho años el cambio que se avecinaba me caló hasta los huesos. (ᴹᵉ ᵛᵒʸ ᵃ ᵉˣᵖˡᵃʸᵃʳ ˡᵃ ᵛᵉʳᵈᵃᵈ). Todavía puedo recordarlo, aunque así mismo ya se me está olvidando por superación al trauma.
Papá estaba sentado en la mesa cuadrada de madera oscura, el olor de esa mesa era entre madera y eucalipto, ese si lo recuerdo muy bien. El estaba trabajando en la computadora; buscaba un nuevo empleo pues grupo Roma había caído en bancarrota, y las compañías de ciudades vecinas ya habían terminado todas sus obras.
Mi papá siempre estuvo de allá para acá, saltando de ciudad en ciudad. La mayoría del tiempo siempre estuvo fuera, construyendo enormes privadas con cientos de unidades habitacionales. Con forme terminaba un proyecto, si tenía suerte la misma empresa lo mantenía para otro. Pero si no era así, el regresaba a casa y sacaba esa misma computadora negra.
Tal vez este recuerdo esté un poco distorsionado ahora que estoy recordando. ¿Era de día? Creo que era de noche ¿La luz era blanca, o cálida? Yo la recuerdo cálida, pero estoy dudando un poco, aunque este dato no influya en absolutamente nada a la trama.
Bueno resulta y resalta que, como cualquier día normal de una niña de tercero de primaria, estaba caminando por mi casa, buscando en que cosa entretenerme. De hecho tenía una tableta pero mamá me la castigaba y yo me olvidaba de la existencia del dichoso aparato (Qᵤₑ́ ᵦᵤₑₙₒₛ ₜᵢₑₘₚₒₛ).
Mientras pasaba por la sala, de repente escuché a papá decir:
⸺Nos vamos air a vivir a Querétaro.
⸺No es cierto ⸺le dije,
Estuvimos como cinco minutos discutiendo, entre que si y que no. Yo creía que el estaba jugando, mi mentecita no comprendía y también creía que mamá no lo permitiría. Me enojé de la desesperación de no poder hacer nada. No quería dejar mi casa, a mis abuelos, ni el resto de mi muy reducido mundo.
Cuando por fin comprendí que de verdad nos iríamos, no fue como que cayera en depresión, seguí disfrutando mis días en casa.
Recuerdo que, mamá fue la primera en irse con papá para ver el lugar donde viviríamos, mientras yo y mi hermano menor nos quedábamos en casa siendo cuidados por mi abuela, mi abuelo y mi tío.
Durante esa semana, todos los días la llamaba llorando, nunca había estado separada de mi mamá. Irónico; cuando nací y me pusieron en el pecho de mi mamá, ya no me podían separar de ella porque cada vez que lo hacían, yo lloraba.
Mi último momento en esa primaria fue cuando quise hacerme la muy importante y le pedí permiso a la miss para pararme frente a todos y así avisarles a mis compañeros que me iba a mudar. Me dio permiso.
Acto seguido, me pare frente a todos y comencé a hablar:
⸺Me voy a mudar a Querétaro, porque si no mis papás se van a divorciar.
Dios mío, que necesidad de decir que mis papás se iban a divorciar, que vergüenza mamon.
⸺Pues vete ⸺Me gritó uno de los niños meados de mi salón.
Les digo que yo valgo madres desde pequeña en esto de socializar y mantener amistades.
Al terminar el ciclo escolar, mamá tomó todas nuestras cosas y las metió a docenas de cajas de cartón. Quisiera poder decir que también empacó nuestra vida en un de esas cajas, pero no fue así. . . Esa se quedó.
Nos fuimos semanas antes de que comenzara el nuevo ciclo escolar, dejamos las cajas en casa, ya que todavía no teníamos dinero para el camión de la mudanza.
ღ꧁ღ╭⊱ꕥꕥ⊱╮ღ꧂ღ
El día que nos fuimos, éramos solo mamá, mi hermano y yo en la terminal de autobuses, solos. Mientras que del otro lado del cristal estaban mi tío, mi abuelo y mi abuela, despidiéndose a lo lejos. En ese momento no me dieron ganas de llorar, más bien me dieron ganas de salir corriendo a casa.
Nos subimos al autobús, me despedí por última vez a través de lo poco que podía ver desde el gran parabrisas del autobús.
Lo siguiente que recuerdo, fue estar en el taxi yendo a mi nueva casa. Papá me había dado diez pesos, para mi era mucho, en ese entonces. Estaba tan distraída que los dejé en el taxi.
Al llegar, era un apartamento pequeño, fríamente blanco y vacío.
Inocente, sin saber el dolor que me esperaba, saqué las cosas de mi mochilita y las puse dónde pude.
Los días pasaron, las semanas también. Cada vez que quería jugar, no tenía ni uno solo de mis juguetes, todavía no llegaba la mudanza. Cada vez que quería abrazar a mis abuelos, recordaba que estaban a cientos de kilómetros. Me empezó a pesar, no sabía cuando los volvería a ver.
Lo único que podía hacer, era llamarles todos los días. Me dolía el corazón, lloraba todos los días en el regazo de mi mamá esperando que se me quitara la tristeza del alma. Fue sumamente duro, un golpe directo, no fue limpio, tuvo sumas repercusiones en mi.
En algún momento el verano tenía que acabar y así fue. Todavía no tenía uniforme, mamá me vistió con una playera blanca, pantalón de mezclilla y zapatos escolares negros. Me puso mi mochila con mi dinero al igual que a mi pequeño hermano.
Papá y mamá nos llevaron caminando a la escuela, estaba repleto de niños. Yo me había vuelto muy insegura, ya no hablaba como antes, ya no convivía como antes.
Yo no quería quedarme, pero ellos me acompañaron durante el homenaje a la bandera, me llevaron a mi salón, me tomaron fotos para el terrible recuerdo y me dejaron allí. Estaba sentada hasta el frente. Me sentía observada, juzgada por mis cejas pobladas así como me juzgaron anteriormente en la otra primaria.
Me volví pequeña, tenía miedo. Más todavía porque los niños de esa clase ya se conocían todos, tenían su jerarquía bien formada. Fue inevitable, lloré. Ese día aprendí lo que era llorar en silencio, no quería llamar más la atención. Desde entonces, siempre lloro así. (ᴬ ᵐᵉⁿᵒˢ ۹ᵘᵉ ᵐᵉ ᶜᵒⁿᵗᵉⁿᵍᵃ ᵈᵉᵐᵃˢⁱᵃᵈᵒ˒ ᵃˡˡⁱ ˢᵒˡˡᵒᶻᵒ ʰᵃˢᵗᵃ ᵐᵃ́ˢ ⁿᵒ ᵖᵒᵈᵉʳ).
Ariana, una niña amistosa. Fue la primera en hablarme, me invitó a jugar con ella, pero yo estaba tan asustada que le agradecí, pero me negué. Ella tenía su grupo de amigas: Allison y Lucía.
Mejores amigas y crueles también, en especial Allison.
Todo el cuarto año de primaria fue un amasijo de burlas, susurros, bullying, y marginación.✺
Mis únicos tres amigos eran los que tenía en casa. Comía sola, me daba mucha vergüenza dar lastima. Iba todos los días a la cooperativa de la escuela a pedir mi platito esperando que algún día supiera como el de mi abuelita. Se imaginan mi decepción cuando cada vez que lo compraba, apenas tenía granos de maíz, y solo un misero pedacito de pollo deshebrado, si pollo, no carne de cerdo como el de mi abuelita.
Qué muchas veces esos platos de pozole me los tiraban encima los niños de grados mayores al pasar corriendo, y yo me quedaba sin comer y con el uniforme todo empapado.
Las veces que me divertía era cuando mi hermano y yo jugábamos a ponernos filtros graciosos de una app en la Ipad del trabajo de mi papá. Todavía conservo esos videos.
Poco a poco nuestras condiciones fueron mejorando, la mudanza ya había llegado y nos habían comprado una litera a mi hermano y a mi, la casa ya estaba amueblada. Todos en el fondo nos seguíamos sintiendo vacíos. Estábamos encerrados en una monotonía constante, aunque encontrábamos maneras de traer la felicidad a nosotros:
Cada cumpleaños, al salir de la escuela, papá salía temprano de trabajar e íbamos a la plaza de comida junto a la rotonda de entrada a nuestra área. Comprábamos varios rollos de sushi, palitos de mozzarella, brochetas de camarón empanizado con queso philadelphia. Nos llevábamos un pastel de supermercado y velitas, a veces de números, otras veces de las que tenían trucos mágicos.
Nos sentábamos los cuatro en su lugar correspondiente en la mesa, cenábamos, cantábamos las mañanitas y repartíamos el pastel. Esas ocasiones especiales, toda mi familia me llamaba para felicitarme desde temprano, lo siguen haciendo.
Si para mi, al principio fue muy difícil, no me imagino lo que sufrió mi mamá; Cuidando dos niños pequeños que también sufrían, sin conocer la ciudad, sola salía a hacer la compra, sin ayuda, sin amigas y con todo el que hacer en casa. Además de los factores externos, como la gente mierda, que aunque te vean mal herido ni se inmutan.
A ella le encantaba la ciudad, pero no pudo disfrutarla.
Ⲥ𝗼𝗇t𝗂𝗇𝗎𝖺𝙧𝖺́. . .ᴱˢᵖᵉʳᵉⁿ ˡᵃ ᵖᵃʳᵗᵉ ᵈᵒˢ
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